Importancia de promover el diálogo regional en torno de una minería sostenible social

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¿Qué tienen en común el agua caliente, una tostada y una radio?

Suena el despertador a las 6 a.m. en un dormitorio, en un país cualquiera. Alguien se levanta y a ciegas abre el grifo para templar el agua de la ducha. Mientras tanto, otra persona, en la cocina de esa misma casa, prepara tostadas y un café humeante. Para ambos y desde la radio, la locutora recita los titulares de los principales matutinos locales.

Un hilo conductor invisible hilvana esta escena tan trivial con otras idénticas que se repiten en distintos puntos del planeta: la minería. Porque para construir la casa en promedio se utilizaron 60 toneladas de minerales. Porque el agua se calienta con gas, un recurso extraído de la naturaleza; y la sal que ayudó a levar al pan ahora crocante de las tostadas también es un mineral. Porque la cafetera es de aluminio y la radio por la que plácidamente se transmite la voz de la locutora le debe varios de sus componentes a las entrañas de la naturaleza.

La minería está presente en nuestra vida cotidiana, desde que abrimos los ojos.  Y es también un importante motor económico para el mundo en general y para América en particular. “La industria minera es uno de los pilares del crecimiento económico y de los avances sociales que experimentó América Latina en los primeros quince años del siglo XXI”, asegura un reciente trabajo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Sin embargo, y aun cuando “el sector minero puede desempeñar un papel significativo en el desarrollo a corto plazo de las economías regionales porque crea empleo, incrementa los ingresos públicos, apoya el crecimiento de las empresas y construye infraestructura para fines públicos, como caminos y centrales eléctricas (…) la minería mal administrada y regulada puede generar considerables costos ecológicos y sociales que simplemente se trasladan a generaciones futuras”.

La Alianza del Pacífico

Según el trabajo del BID, los países que integran la Alianza del Pacífico –Chile, Colombia, Perú y México– “constituyen uno de los principales bloques productores de recursos minerales en el mundo”. Sus  reservas de cobre, plata, molibdeno, oro y zinc los ubican a la cabeza en los rankings mundiales. Sin embargo, el atractivo regional no puede evaluarse ajeno a los criterios de gobernanza que se imponen en cada uno de esos países que integran la Alianza. Así lo indica el citado informe: la minería debe ser “sostenible económica, ambiental y socialmente” para lo cual “será necesario fortalecer los sistemas de gobernanza y regulación del sector, el capital humano, la relación con las comunidades y la promoción e integración de proveedores locales en la cadena de valor global del sector”.

En una encuesta anual sobre empresas mineras elaborada por el Fraser Institute -institución que mide, estudia y comunica el impacto de los mercados competitivos y la intervención gubernamental en el bienestar de los individuos- se “califica a 91 jurisdicciones de todo el mundo en función de su atractivo geológico para los minerales y metales y hasta qué punto las políticas gubernamentales fomentan o impiden la exploración y la inversión”. Los resultados deben ser tenidos en cuenta por los gobiernos de la región cuyas economías se fundamentan en industrias extractivas: “Los países que integran la Alianza del Pacífico parecen basar la ventaja competitiva del sector extractivo en su capacidad geológica (definida por la naturaleza) más que en su capacidad institucional (definida por la política pública)”.

Explorar oportunidades

El panorama es alentador, porque hay mucho para mejorar. En ese sentido, Chile es un ejemplo: el planeta fijó sus ojos en ese país del fin del mundo cuando 33 mineros quedaron enterrados a 700 metros de profundidad, y pudieron ser rescatados recién dos meses más tarde. Sin embargo, hoy la minería chilena representa el 55% de las exportaciones del país y es uno de los sectores con mayor innovación tecnológica. Es que ahí donde hay una dificultad existe también la oportunidad de redoblar la apuesta para crecer.

Es importante promover el diálogo regional en torno de una minería sostenible social, económica y ambientalmente.

En su trabajo, el consultor del BID Alfie Ulloa enumera los temas que servirán de guía para esa conversación intraregional:

  • Institucionalidad minera y gobernanza.
  • Prevención y gestión de impactos.
  • Innovación y desafíos futuros.
  • Mercado laboral y competencias.
  • Desarrollo de proveedores.

El desafío es grande, y cubre varios frentes con un vasto trabajo por delante en cada uno de ellos. Pero  aquello que para un país en soledad puede resultar inaccesible, es posible se se encara regionalmente. Las preocupaciones son comunes, intentemos que también lo sean las soluciones.

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