La generación hidroeléctrica y la transición energética de América Latina y el Caribe

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En 2022, Brasil alcanzó 92% de generación renovable en su matriz eléctrica, el nivel más alto de generación renovable en la última década. Este hito vuelve a posicionar al país como una de las potencias en energía verde en la región y esto se debe principalmente al crecimiento de la energía eólica y solar de las últimas dos décadas. El año pasado, la capacidad instalada de generación eólica alcanzó 23,8 GW, mientras que la solar llegó a 23,9 GW. Durante este mismo período, la capacidad instalada de energía solar creció 9 GW (la capacidad instalada fotovoltaica era 13 GW en enero de 2022), principalmente de forma distribuida, siendo este un logro inmenso, especialmente si consideramos que hace diez años esta tecnología era prácticamente inexistente en la matriz eléctrica brasileña.

Brasil es un buen reflejo del desarrollo de la matriz eléctrica en América Latina y el Caribe: hoy, 60% de la energía generada en la región es renovable, y esta porción está creciendo. Bajo la iniciativa RELAC (Renovables en Latinoamérica y El Caribe), la región apunta a llegar a por lo menos 70% de energía eléctrica renovable al 2030, principalmente con el impulso a las energías solar y eólica, que proveen cerca de 10% de la generación eléctrica actualmente.

¿Cuál es la la contribución de las hidroeléctricas?

Muchos de estos logros se deben a la energía hidroeléctrica, por diversas razones. Primero, la energía hidroeléctrica es aún la mayor fuente de energía renovable en la matriz eléctrica brasileña, 73,6% de la generación renovable es hidroeléctrica (67,7% de la generación total), y representa cerca de 46% de la generación eléctrica a nivel regional. Segundo, además de proveer energía renovable, los embalses hidroeléctricos existentes proveen el almacenamiento que las tecnologías de generación variable, como la eólica y la solar, requieren para poder expandirse. Es decir, las hidroeléctricas funcionan como la batería virtual del sistema eléctrico, y han permitido el desarrollo de las otras fuentes renovables de una forma sostenible y con bajas emisiones. Tercero, las hidroeléctricas proveen otros servicios auxiliares (como manejo de frecuencia, potencia reactiva e inercia), esenciales para el funcionamiento del sistema eléctrico.

Por otro lado, el sector hidroeléctrico también genera empleos y capacidad técnica. Con cerca de 110 GW instalados, Brasil es una potencia hidroeléctrica a nivel mundial, el segundo país después de China con más capacidad. A lo largo de su historia, el desarrollo hidroeléctrico en Brasil propició la industria de producción de turbinas, generadores y equipos electromecánicos, además de la creación de decenas de miles de empleos en construcción, operación y mantenimiento. Esta capacidad técnica e industrial puede ser utilizada hoy en otras energías renovables.

Las necesidades de modernización y digitalización

El desarrollo hidroeléctrico en la región tiene más de un siglo de historia. Por eso mismo, la antigüedad del parque hidroeléctrico también requiere de atención. Hoy, aproximadamente la mitad de las hidroeléctricas de Latinoamérica tienen ya más de 30 años y en las próximas dos décadas esta proporción podría llegar al 75% del parque hidroeléctrico. Considerando que la vida de los equipos electromecánicos oscila entre los 30 y 40 años, existe un creciente número de centrales que ya requieren ser rehabilitadas y modernizadas. Esto toma particular importancia en aquellas centrales que cuentan con grandes embalses, dado que hoy la construcción de nuevos embalses está limitada por consideraciones ambientales y sociales. Mantener funcionando las baterías del sistema es imprescindible. La región va a necesitar toda la capacidad que puedan facilitar las centrales hidroeléctricas con embalses (nuevas y antiguas modernizadas) para facilitar la absorción de todas las renovables variables que se tienen planificadas.

La modernización de las hidroeléctricas, además de enfocarse en la instalación de nuevos equipos, debe enfocarse en aplicar las últimas tecnologías digitales a estas centrales. Por ejemplo, la digitalización puede apoyar a adaptar estas centrales a su nuevo rol: en muchos casos las centrales hidroeléctricas están cambiando de generación de base, a una generación más variable que debe acompañar la generación eólica y solar. Asimismo, la digitalización puede incrementar la eficiencia de la generación hidroeléctrica (generar más energía con la misma cantidad de agua). Esto es esencial en un escenario de mayor competencia por el recurso hídrico. El manejo de cuencas también puede ser optimizado con digitalización y la aplicación de métodos avanzados de análisis de datos de hidrología, permitiendo adaptar la generación hidroeléctrica a los desafíos del cambio climático.

El desafío del cambio climático y la integración regional

No se puede minimizar la importancia de seguir estudiando el impacto del cambio climático en la disponibilidad de hidroeléctrica y plantear las medidas de adaptación necesarias. Estos impactos son localizados (a nivel de cuenca). Por ello, los estudios deben tener una granularidad suficiente para poder plantear medidas de adaptación adecuadas a cada central, y considerar horizontes de estudio adecuados a la vida útil de las hidroeléctricas. El BID cuenta con varias herramientas que buscan apoyar a los países de América Latina y el Caribe a mejorar sus capacidades técnicas para la gestión y planificación de los recursos hídricos. HydroBID, por ejemplo, es un sistema integrado y cuantitativo que permite a los países simular la gestión de recursos hídricos bajo escenarios de cambio.

En un escenario con mayor variabilidad hidrológica, la integración regional se convierte en una variable imprescindible para la seguridad energética en la región. Las interconexiones regionales permitirán explotar la complementariedad de la generación hidroeléctrica entre diferentes cuencas, optimizando el uso de recursos renovables. Eventos recientes en el Cono Sur han reforzado la importancia de las redes de interconexión, las cuales han permitido mantener la confiabilidad de suministro en épocas secas, optimizando el uso de recursos renovables de manera regional.

El próximo paso: más allá del 70% de renovables

La matriz eléctrica de la región se desarrolló alrededor de la generación hidroeléctrica, posicionando hoy a América Latina y el Caribe como la región con la matriz más verde del planeta. El BID ha sido una pieza clave en este desarrollo. Desde 1960 hemos financiado USD 7.700 millones de inversión y USD 15 millones de cooperación técnica en el sector hidroeléctrico. Solo en los últimos 10 años hemos apoyado la construcción de 425 MW y la modernización de 2.700 MW a través de créditos por US$834 millones ya ejecutados. Actualmente, apoyamos la modernización de 2,5 GW, en 4 países con una inversión de US$234 millones, y el año pasado aprobamos US$1,5 millones en cooperación técnica para continuar con estudios de modernización en otros 4 países.

Es necesario continuar la ruta de la descarbonización de la matriz eléctrica en el marco de las metas del Acuerdo de París, apoyando el desarrollo de la energía eólica y solar y manteniendo en la matriz la generación hidroeléctrica como un elemento clave para una matriz de bajo carbono. Se debe desarrollar nuevas hidroeléctricas, cuando sean necesarias, bajo los más altos estándares ambientales y sociales, como se indica en nuestro Marco de Política Ambiental y Social. La integración regional será una variable esencial en esta fórmula. La región está lista para lograr la meta de 70% de generación renovable al 2030, y, por qué no, cumplir también una meta más ambiciosa para las décadas siguientes.

Para saber más sobre el potencial hidroeléctrico de la región, accede a información sobre la mesa redonda organizada por la IHA (contenido disponible en inglés).

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