Los principales desafíos en eficiencia energética en América Latina y el Caribe

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América Latina y el Caribe cuenta con un gran potencial en Eficiencia Energética. No obstante, los múltiples beneficios del reemplazo de equipos eléctricos ineficientes y del aislamiento térmico de viviendas, los avances en la implementación de programas dirigidos a este fin son hasta ahora modestos y aislados.

El rezago en materia de eficiencia energética (EE) en el sector residencial tiene su origen principalmente en los siguientes factores:

A continuación, abordaremos cada uno de estos desafíos:

Falta de señal adecuados de precios: En ALC ,con excepción de 6 países -entre estos Chile, Costa Rica y Uruguay- subsidian las tarifas eléctricas principalmente las domésticas. En promedio, los países de la región destinan el 1% de su Producto Interno Bruto (PIB) a cubrir los subsidios eléctricos. Tan sólo en 2017 el monto de los subsidios a la electricidad en ALC ascendieron a USD $37.1 billones[1]. Lo anterior reduce el interés de invertir en EE, ya que alarga los periodos de recuperación de las inversiones en la materia.

Limitado acceso a crédito y a mecanismos/programas de financiamiento

Los principales potenciales de reemplazo de equipos ineficientes se encuentran en las viviendas de familias de bajos ingreso que no cuentan con los recursos económicos para invertir en la adquisición de equipos nuevos, o que muchas veces compran equipos de segunda mano, antiguos e ineficientes. Estas familias, generalmente no tienen acceso a crédito comercial, y cuando lo tienen es en condiciones poco favorables, principalmente altas tasas de interés.

Desde el punto de vista de políticas públicas, si bien hay un reconocimiento de los gobiernos de la conveniencia de implementar acciones de EE en los hogares, los programas de largo alcance se han aplicado en muy pocos países y no han cubierto el potencial total. Y como mostramos en el blog “Eficiencia energética en América Latina y el Caribe ¿por qué importa?”, la necesidad de inversión es importante y si no hay mecanismos de fácil acceso a los consumidores residenciales, los cambios necesarios non son realizados.

Insuficiente información sobre los beneficios por el reemplazo de electrodomésticos

Prácticamente no existe un esfuerzo sistemático ni de los fabricantes, ni de los participantes en la cadena de comercialización de promover los electrodomésticos de alta eficiencia. Además, no destacan de forma amigable y entendible para las familias, los ahorros energéticos y económicos que son posibles alcanzar al sustituir los electrodomésticos antiguos y de alto consumo, por equipos de alta eficiencia.

Marcos institucionales débiles con limitado marco legal y normativo

En América Latina y el Caribe sólo 5 países cuentan con instituciones con suficiente capacidad técnica y financiera para desarrollar programas de eficiencia energética residenciales. Además, 9 de ellos tienen la posibilidad de reforzar el marco institucional y en 15 países este marco es muy débil.

Sólo 11 países de ALC cuentan con leyes de eficiencia energética que son la base para establecer marcos normativos, regulatorios y financieros para impulsar acciones que promuevan la eficiencia energética. En materia de normalización sólo 5 países tienen estándares obligatorios de eficiencia energética mínima para electrodomésticos. Mientras que el uso de etiquetado en el que se muestran los niveles de consumo de energía de distintos equipos y aparatos, aunque existe en 15 países, aún no es un elemento determinante para la decisión de compra de los usuarios y menos para fomentar el reemplazo de los equipos con los que ya cuenta.

En lo que se refiere a sellos voluntarios de eficiencia energética que permita reconocer a los equipos más eficientes, sólo dos países cuentan con este instrumento, a saber, México con el Sello FIDE y Brasil con el Sello PROCEL.

En general tampoco existe un marco regulatorio, salvo en muy pocos países, que establezca la responsabilidad extendida para los fabricantes con respecto al manejo de los electrodomésticos que son desechados, específicamente en el caso de refrigeradores y equipos de aire acondicionado antiguos que utilizan gases refrigerantes de alto poder de calentamiento global y que dañan la capa de ozono.

Escasez de estadísticas y la incertidumbre “ex ante” de los resultados

En general los países de ALC no cuentan con balances de energía útil y los estudios en este campo son insuficientes para determinar, con un nivel de precisión adecuado, los consumos de energía eléctrica de los aparatos con los que cuentan las viviendas, así como la antigüedad de estos, lo anterior para estar en posibilidad de estimar los potenciales de ahorro de energía que se podrían obtener al reemplazarlos por equipos de alta eficiencia.

Además, la escasa experiencia de programas a gran escala de sustitución de electrodomésticos, o el que los que se han desarrollado no hayan considerado previos a su implementación sistemas de medición, reporte y verificación de resultados, ha generado dudas de la efectividad de los mismo y muy, específicamente, de los ahorros energéticos y económicos que se plantean.

Otro elemento que contribuye a la incertidumbre sobre los ahorros a obtener es la alta probabilidad de que se presente un efecto rebote, s decir, la tendencia a que los usuarios cuando registran un menor pago de su facturación eléctrica descuiden su consumo o el racionamiento en el uso de algunos equipos altamente consumidores de energía como son los de aire acondicionado.

Insuficiente infraestructura para la gestión de los equipos a reemplazar y sus residuos

Otro elemento que inhibe el reemplazo, sobre todo de refrigeradores y equipos de aire acondicionado, es la inexistencia de centros de acopio, destrucción y gestión de residuos para estos equipos, por lo que las familias enfrentan dificultades para deshacerse de los equipos que dejan de utilizar, propiciando que se vendan o regalen a otras familias con los consecuentes altos consumos de energía.